junio 09, 2012

Lo que las palabras logran significar cuando algo no está en donde debería estar.

Hace exactamente tres semanas y dos días algo de mí partió con él, ¿y sabes cómo se siente? Así: con mucha impotencia adherida a mis venas, litros y litros de flores se esparcen por mi boca, enojo constantemente, tristeza que apuñala el alma, angustia que tuerce el pecho y soledad, mucha soledad vacía. ¿Qué siento hoy, ahora, en esta noche helada? Nada. Siento que todavía estoy navegando y que el llanto ahogado con el cual mi madre me despertó esa trágica mañana de Mayo solo fue un sueño, un espantoso y vulgar sueño. Pero no. Es cierto. ¿Qué se supone que haga? ¿Qué se supone que hagamos? ¿Qué se supone que su esposa y su hija hagan ahora? Ella está destruida, rompe todo lo que acecha y fuma sus cigarrillos uno detrás del otro, sin importarle la nicotina, ese veneno tan adictivo. ¿Y su hija?, quizá porque es una bebé pensamos que no entiende nada, pero sí, entiende absolutamente todo.
Al ir al cementerio a dejarle las flores se me revolvió el estómago y me apoyé en un árbol por el mareo que me dio el saber que a treinta centímetros debajo de nosotras, estaba él, mi tío. Luego sentí una brisa abrigadora.
Mí tía lloró en mi y la sombra de la copa del árbol congelaba su llanto, mientras que mi hombro izquierdo se humedecía de a poquito. Y yo también lloré. Después visualicé mi vista en Alma, ella miraba ese tumulto de tierra algo sonriente. Me acerqué, le acomodé el gorro y besé su mejilla. Mi madre se dirigió a donde nosotras, y llorando removió algo de tierra cerca de su cruz y clavó las flores en la tierra, mientras algunas lágrimas se mezclaban con la claridad y la transparencia del agua que yo vertía sutilmente para asegurarme de que esas flores no se volaran con tanto viento. ''Nunca pensé que iba a tener que hacer esto'', dijo mi tía, mientras que con su pie acercaba algunas bolitas de barró seco a la pequeña montaña que marcaba el principio de las lágrimas y el fin de una vida.
Lloramos y lloramos. Luego, nos marchamos. Miré una ultima vez, pero, una ultima vez hasta entonces. Quiero, debo y necesito volver.

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