mayo 04, 2012

Elise, lo que solía ser.

¿Se supone que deba decir algo?, sinceramente creo que ya no hay más palabras que estás que carecen de riqueza y de gusto, no se que puedo decir, creo que lo dije todo en este tiempo. Creo que lo grité con las pocas lágrimas que derramé, creo que lo expresé con lo miles de lápices y hojas que rompí y abollé, creo que lo hice con el bolsillo lleno de sueños. ¿En serio?, ¿es necesario?, ¿tengo que seguir hablando? Eso es lo que la voz dentro de mi cabeza me repite una y otra vez... Ya no la aguanto. Creo que Elise, esta vez, me extraña, y no la culpo, porque yo la extraño también. Las cosas con ella, antes, cuando estaba y entraba en mi vida más a menudo, eran sencillas, simples. Elise me completaba, ¿a dónde se fue?, ¿en dónde está...? ¿... en dónde quedó? No sé si es que la ahogué completa y definitivamente dentro de mi propio ser o se filtró por algunos de mis pensamientos, y es ahora que quizá vaga desierta de cabeza en cabeza... Buscando mi interior. Quiero que vuelva, me hace mucha falta. Ella era mi completa alegría. Elise... Elise... Tan fría como un cubito de hielo, tan perdida y tan alegre; tan feliz y radiante. Ella es aquel pedazo, ese gran pedazo de mí, que solía ser. Elise se pinta los labios de rojo y camina descalza sobre la nieve, sin importarle ese frío-calor que se clava en su columna vertebral. Elise tiene lágrimas de oro como cabello y una piel tan blanca, suave y delicada. Elise tiene los ojos colo ámbar, parecen dos gotas de miel claras, y al sol son como pequeños cristalitos que acaban de explotar por la presión del aire caliente. Elise viste un vestido blanco y siempre lleva margaritas adheridas a su larga cabellera. Elise siempre está sonriendo, no obstante, lo hace de verdad. No como yo, no como Victoria. Elise, ¡Elise! ¡Ay, como la extraño! ''¡Ho bisogno!'', me grita ella cuando me ve. Y es ahí cuando me pongo contenta, y a la vez apesadumbrada, porque se que su visita es corta... Después de un rato y de un par de risas ella se va, dejándome con todos los problemas para mi sola, con todas mis manías, mis inseguridades, mis enfermedades y mis miedos. ¿Y se supone que hable? ¿Es necesario?