enero 16, 2011

¿Dejará de llover?

Estaba yo recostada en mi cama, observando el clima de la mojada noche. Las estrella no brillaban como siempre, el nubarrón era cada vez más tenso e inmenso. Comenzó con una pequeña lluvia, me levanté, me acerqué a la ventana y abrí las puertas. Una tenue brisa chocó contra mi rostro haciendo que me estremeciera. Luego de unos segundos, la lluvia se hizo más fuerte. Era la famosa lluvia que todo lo deshacía, la lluvia más prepotente e intensa.

Mi cara se transformo en pánico, y mi cuerpo se paralizó. Para cuando pude darme cuenta estaba envuelta entre los grandes brazos húmedos de aquella lluvia.

-Sé que estás triste - la lluvia tomó forma de hombre y se me acercó.

-¿Cómo lo sabes? - tocó con su dedo índice la línea de mi mandíbula.

-Tu mirada te delata, ¿sabes? Vine especialmente a tranquilizarte y a decirte que todo estará bien. Se que estás triste por algo - suspiró, pausó, tomo aire y prosiguió- ¿O por alguien? - yo bajé la vista.

Al mirar hacia abajo, estaba parada en lo que se dice la nada.

-Tu aroma me atrae - en su rostro se dibujó una sonrisa, la comisura de sus labios eran afirmativas.

Me detuve a observar cada facción de su bella cara. Cerré los ojos para nunca olvidar su perfecta fisonomía.

Un leve rose en mis labios me distrajo por un momento. Era él, con una rosa roja tocando los mismos. Era un aroma ambriagador e hipnotizante. Me entregó la rosa y yo la acepté. Se acercó tanto a mí, que mis orejas podían oír los bellos latidos de su corazón. Me dio un suave beso en la mejilla, y cerró mis ojos. Sentí que flotaba, y que nuevamente era depositada en el suelo de mi recamara. Abrí mis ojos, en mi mano izquierda yacía una flor; en la otra, una sensación extraña. Mis labios sabían dulces. Mis sentimientos ya no eran negativos. Esa lluvia logró sacarme la tristeza y evitar que vuelva. Esa hermosa imagen estaría en mi mente por el resto de mis días. ¿Esa lluvia, o aquel hombre, había sido parte de mi vida? ¿Formo parte de mis pensamientos? Eso no lo sé, pero si sé que logró sacar todo lo malo de mí, esos pensamientos negativos y autodestructivos, depresivos. Todo lo hizo con unas palabras confortables y acogedoras, una sonrisa y una rosa. En definitiva era mágicamente hermosa.

Autora: María Victoria Cardillo.
Dedicatoria: Michael Joseph Jackson, 1958-2009.      

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